viernes, 11 de octubre de 2013

Errores

Haz cometido muchos de ellos.
Pero siempre te las has arreglado para escapar de las consecuencias, hasta ahora. ¿Conoces ese destello por el rabillo del ojo, ya sabes, ese movimiento en la visión periférica fuera del alcance de la vista? Y luego, cuando volteas a ver, no hay nada ahí. Ésa ha sido una de las ocasiones en que has cometido un error.
¿Esa sensación escalofriante de que estás siendo observado, de que cerca hay algo oscuro y siniestro que puede verte? Es una advertencia, decenas de miles de años de instinto que corren por tu cuerpo te dicen que estás a punto de cometer un error.
¿Y ese inexplicable golpe, aquel corte fresco que no recuerdas haberte hecho, esas veces que despiertas sudando, gritando y respirando como si acabaras de correr un maratón y no sabes por qué? Ésas son las veces en las que casi te atrapan.
¿Qué son? Bueno, es difícil de explicar, imagina tratar de explicarle a un ciego el color rojo. No se puede explicar realmente, tienes que experimentarlo por ti mismo. Y no querrás experimentar eso. Te puedo decir que para ellos eres sólo una cosa: comida. Y pueden mantenerte vivo durante un buen rato mientras comen.
Probablemente has escuchado al menos un sonido inexplicable mientras lees esto. Tal vez no sea nada; pero a veces, es uno de ellos tratando de abrirse paso, de encontrarte. Pero no lo harán, no, a menos que cometas un error. Y cuando lo cometes es como agitar un pedazo de carne frente a una manada de lobos hambrientos. A veces ellos no reaccionan lo suficientemente rápido, a veces sí. Han habido tantas desapariciones sin resolver en cada siglo, que es difícil saber cuántas de esas personas fueron víctimas de su propia especie y cuántas simplemente cometieron demasiados errores.
Verás, cuando la gente está más preocupada por cometer errores es cuando más tienden a estropearlo todo. ¿Y cuáles son esos errores que se pueden cometer? Si te lo dijera, te asegurarías de no cometerlos más, y eso sería una verdadera lástima.

Retratro abstracto

Hay un méndigo que vive en nuestra vecindad, en Queens. Él antes pedía dinero, pero un día empezó a pintar. Fue a un centro de reciclaje y tomó latas de pintura viejas. La mayoría de las latas todavía contenían pintura en ellas. Dios sabrá en dónde consiguió la brocha. Pero empezó a pintar en cualquier cosa que pudiera encontrar —tablas, papel, lo que sea que tuviera una superficie plana—. Y también era muy bueno. Hizo paisajes, pinturas de los lugares de la vecindad, perros, algunas cosas fantásticas y geniales… este tipo era el maldito Miguel Ángel de los méndigos. Las vendía por 50 centavos o un dólar. Luego usaba el dinero para comprar alcohol y beber hasta quedar en coma. Ya sabes, el típico artista.
Pero entonces empezó a ofrecer retratos. A nadie le gustaban, no sabía por qué. Le comenté a una vecina sobre eso, quien tenía un retrato hecho por él, y me dijo que la perturbó y que no se parecía en nada a ella. Le pregunté si podía verlo; era hermoso. «Es increíblemente realista», le dije… ella respondió dándome una cachetada muy fuerte y diciéndome que me fuera de su casa. Luego dejó de hablar conmigo.
Sin embargo, estaba tan impresionado que le pregunté al susodicho artista si podía hacer uno de mí. Dijo que serían unos dos dólares; le pagué y me dijo que estaría terminado para el día siguiente. Entonces pasé a su puesto habitual el día acordado, ansioso por verlo, pero no estaba allí. Me puse furioso por un momento, pensé que me había estafado, hasta que noté que al lado del edificio estaba mi retrato, tapado con mi nombre y una nota pegada en él. La nota decía, simplemente, «Buena suerte».
Destapé la pintura y estaba horrorizado. Me veía distorsionado, en formas que me hacían doler los ojos. Estaba claramente muriendo en el retrato, si no era que estaba muerto. Insectos y cuervos se alimentaban de mí.
No me había fijado en mi vecino que estaba detrás de mí, hasta que dijo, «Hey, se ve bien. Me gustaría tener uno también».
Lo dijo de forma casual y siguió caminando. Se veía distorsionado y extraño. Caminaba con una cara sin forma. Cuervos e insectos colgaban de él, se alimentaban de él. Miré hacia atrás. Todos y todo se parecían a como estaba retratado yo en la pintura. Ahora todo lo que veo hace que me duelan los ojos. Todo es horrible y feo. Y todos me dicen lo lindo que es mi retrato. Sin importar lo que haga, no puedo convencerlos de que no deben hacerse uno.

La inexpresiva

En junio de 1972, una mujer apareció en el hospital Cedar Senai vestida solamente con una bata blanca cubierta de sangre. Esto por sí solo no era nada extraño, pues la gente solía tener accidentes cerca y venía al hospital más cercano para recibir asistencia médica. Pero había una cosa que hacía que las personas que veían a esta mujer huyeran aterrorizadas: ella no era precisamente humana. Se parecía a algo así como un maniquí, pero tenía la destreza y la fluidez de un ser humano normal. Su rostro era tan impecable como el de un maniquí, desprovisto de cejas y lleno de maquillaje.
Desde el momento en que entró al hospital hasta que fue llevada a un cuarto para proceder con la sedación, permaneció completamente tranquila, inexpresiva e inmóvil. Los doctores habían decidido sujetarla hasta que las autoridades llegaran y ella no protestó. No pudieron sacarle ningún tipo de respuesta, y la mayor parte de los empleados se sentían bastante incómodos al mirarla por más de unos segundos.
Pero al momento en que el personal trató de sedarla, opuso resistencia con una fuerza extrema. Dos empleados la sujetaban mientras se levantaba de la cama inexpresiva. Luego giró sus ojos impasibles hacia el doctor e hizo algo inusual. Sonrió. En cuanto lo hizo, la enfermera gritó y la soltó por la impresión; ya que en la boca de la mujer no habían dientes humanos, sino unos más largos y afilados. Muy largos como para que su boca no se pudiera cerrar sin causarle alguna herida…
El doctor la miró fijamente por un momento, antes de preguntarle, «¿Qué mierda es usted?».
Ella recostó su cabeza sobre su hombre para observarlo, aún sonriendo. Hubo un largo silencio, el personal de seguridad ya había sido alertado y se le podía escuchar corriendo por el pasillo.
En tanto él se volvió hacia el sonido de las pisadas, ella se le abalanzó, hundiendo sus dientes en la parte anterior del cuello del doctor, arrancando su yugular y dejándolo caer al piso. Luego se inclinó hacia él, mientras jadeaba y se ahogaba en su propia sangre, y le susurró al oído:
—Yo… soy… Dios.
Los ojos del doctor se llenaron de terror mientras la miraba voltearse tranquilamente y caminar hacia los guardias. Lo último que vio fue cómo se daba un festín con ellos, uno por uno.
El doctor que sobrevivió al incidente la nombró «La Inexpresiva».
Nadie nunca la volvió a ver.

El caleidoscopio

Mientras estábamos de luna de miel en Maine, mi esposa y yo hicimos una parada en el pintoresco pueblo de Boothbay, en un día particularmente gris y lluvioso. Puesto que el picnic que habíamos planeado no era más una alternativa, nos refugiamos en una pequeña tienda de antigüedades próxima al muelle.
En tanto mi esposa ojeaba los grandes cofres y juegos de mesa cerca de la entrada, yo examinaba entusiasmado las herramientas antiguas y el equipo marítimo dentro de las vitrinas en la parte trasera. Al ser un coleccionista de lentes e instrumentos marinos, ansiaba encontrar un sextante, o quizá un viejo telescopio forrado con cuero.
Me detuve en una pieza interesante. Parecía ser una linterna de bronce que denotaba una pátina café, pero que era muy moderna en cuanto a su diseño. Le pregunté al dueño de la tienda por ella, pero sólo me pudo decir que la encontró en el mismo cofre antiguo que traía varias brújulas y el sextante que también se exhibía. Inquirió sobre si deseaba comprárselo a cinco dólares, o llevarlo a ningún costo.
—A mí no me sirve de nada, nadie lo quiere.
Cuando le cuestioné acerca del precio, él suspiró con cansancio, y luego se acercó a la vitrina para sacarlo.
—Tenga, compruébelo usted mismo.
La artesanía era impresionante, bastante duradera y aparentemente hecha a mano, quizá en algún lugar de Europa. Unas marcas de escritura desgastadas indicaban que podría ser de origen alemán, o tal vez austríaco. Giré el lente y una débil luz roja salió despedida. Al apuntarla en una esquina oscura del local, tomó la forma de múltiples movimientos en espiral, que chocaban y se entrelazaban como una manada de anguilas. Mientras continuaba utilizando ese inusual caleidoscopio-proyector, mi imaginativa mente inventaba rostros macabros con rulos sinuosos. Al desactivar el aparato, me volví emocionado hacia el dueño de la tienda.
—¡Fantástico! —le dije—. ¡Debe de tener algún tipo de filtro para el aceite enfrente de los lentes! Tengo dos caleidoscopios victorianos, pero ninguno de ellos alumbra como éste.
—No lo entiende, ¿vedad? Nadie lo hace. Todos regresan para devolverlo luego de un tiempo —El dueño de la tienda se apoyó en la vitrina, y pude notar que estaba respirando agitadamente—. Todos piensan que es una especie de truco… hasta que empiezan a ver a través de él con las luces apagadas.
»Ésa no fue una proyección, amigo. Ese… maldito aparato, esa luz… no está fabricando a las criaturas que vio. Simplemente le está permitiendo a sus ojos ver lo que siempre ha estado ahí.

La tundra

Los nativos de estos lugares dicen que hay una tundra justo al norte de aquí, la cual es habitada por espíritus benevolentes. Estos espíritus conceden una Revelación a todo aquel que los visita por la noche, una vez que el sol ha desaparecido por completo y dejado al mundo en oscuridad.
Conduje hasta la enorme envergadura de hielo y esperé, con la intención de echar un vistazo a lo que fuera que esta gente veneraba. Ellos envían a sus hijos a la tundra en la víspera de su quinceavo cumpleaños, envueltos en pieles de animales para impedir que se congelen, para solicitar una audiencia con estos espíritus. Una vez que ésta ha finalizado, los niños corren a casa para compartir la experiencia con sus padres. A partir de ese momento son considerados adultos por todos en el pueblo. Parejas comprometidas también visitan la tundra antes de su boda; los invitados se quedan en vela toda la noche hasta su retorno, ya que al regresar la pareja decidirá si continuarán con su matrimonio o lo abandonarán. Los más ancianos visitan la tundra cuando se encuentran muy enfermos, y frecuentemente empeoran su condición por pasar toda la noche allí; sin embargo, cuando regresan la mayoría de las veces lo hacen con un aire de serenidad.
Así que esperé, curioso por descubrir qué clase de fenómeno podría inspirar a las personas tan poderosamente. Esperé por horas, abrigado con mi parka y sentado en el capó de mi camioneta. Esperé hasta que sentí que moriría congelado.
Pude escuchar al espíritu antes de que pudiera verlo. Un crujido en la nieve me hizo voltear. Un hombre encorvado con la piel grisácea estaba parado a sólo unos metros de mí, me miraba con unos ojos tristes, amarillentos, parte un cráneo del cual apenas brotaban unos cuantos cabellos grasosos. Respiraba pesadamente, y uno de sus brazos lucía como si hubiese sido destrozado y dejado sin tratar, provocando que sanara incorrectamente. Trozos de carne mal cicatrizada cubrían sus débiles piernas. El hombre me miró quizá por unos diez segundos, antes de desaparecer de un momento a otro.
Volteé hacia todos lados, buscándolo, pero se había ido. Al acercarme hacia donde había estado, encontré un par de huellas ensangrentadas en la nieve. Lleno de temor, me subí a mi camioneta y me dirigí al pueblo tan rápido como el hielo me lo permitió. Algunos pueblerinos me estaban esperando cuando llegué, pues se habían enterado de que salí hacia la tundra y estaban curiosos de lo que podría pasar. Salí rápidamente de mi camioneta y corrí al pueblerino más cercano, exclamando:
—¡¿Qué tienen de benevolente esos espíritus?! ¿Qué es tan inspirador acerca de ellos? ¿Cómo es que los ayudan?
—¿Qué fue lo que viste? —preguntó el hombre, con su mirada remedando el temor en mis ojos.
—Vi un hombre, ¡terriblemente desfigurado y extremadamente enfermo! —le grité, mientras los demás pueblerinos se hicieron hacia atrás—. ¿Por qué? ¿Qué es lo que significa? —clamé.
—Los espíritus sólo muestran una cosa… —me explicó el hombre—, muestran a sus visitantes dentro de un año en el futuro.

En el espejo

Por lo general duermo profundamente, pero esa noche la tormenta que se estaba desatando afuera no me permitía conciliar el sueño. Cuando empezaba a dormitar, otro trueno me levantaba. Este ciclo se repitió la mayor parte de la noche, por lo que permanecí despierto y atento, viendo al cuarto iluminarse antes de que fuera invadido por las sombras de nuevo. Mis ojos se movían de un objeto a otro, hasta que llegué al espejo adyacente a la cama.
De pronto hubo un destello de luz, y el espejo se iluminó. Por menos de un segundo, el espejo mostró docenas de rostros, siluetas dentro de su marco, bocas abiertas y ojos ennegrecidos. Ellos miraban directamente hacia mí, con sus pupilas negras fijas sobre mi rostro. Y luego había pasado. ¿Estaba seguro de lo que vi? Intranquilo, no logré dormir por el resto de la noche.
A la mañana siguiente quité el espejo de la pared y lo tiré a la basura. No me importaba si la visión que había tenido fue real o no, quería deshacerme de ese espejo. De hecho, quité cada espejo de la casa.
Pasaron varias semanas y el suceso de aquella noche se había desvanecido de mi mente. Estaba pasando la tarde en la casa de un amigo y tenía que usar el baño. Mientras estaba ahí, el grifo se abrió sin que lo tocase y el agua comenzó a correr. Desconcertado, no hice nada en ese momento, más que tratar de razonar la paranoia. El agua comenzó a echar vapor y una capa de humedad cubrió el espejo. Miraba atentamente mientras las palabras se formaban: «Por favor, vuelve a poner los espejos. Extrañamos verte dormir».

Como un cirujano

—Sr. Weston, el doctor está listo para recibirlo. —La enfermera apagó el intercomunicador.
Aunque Sam estaba muy nervioso, se empezó a reír porque la enfermera le dijo «señor». Ése era el nombre de su padre.
Era 31 de octubre de 1973, y Sam Weston de nueve años de edad estaba en el hospital, apunto de someterse a cirugía. Le sacarían las amígdalas.
Siguió a sus padres al consultorio del doctor en la parte trasera del hospital.
—Bien hijo —dijo el doctor—. Ups, lo siento. Me habían dicho que un niño de nueve años llamado Sam venía por una cirugía. Tú eres tan grande como yo.
Sam rió.
—¡Sólo tengo nueve! —Pensaba que era hilarante que todos en el hospital creyesen que era un adulto.
El doctor revisó el historial.
—¡Ah! ¿Una amigdalotomía? ¿Es eso a lo que tus padres me dijeron que le temías? Déjeme aclararle algo, Sr. Weston, una amigdalotomía no es algo de lo que asustarse. Sólo dolerá por un segundo. ¿Alguna vez has caído de rodillas?
Sam asintió.
—Pues, es tan doloroso como eso. A mí me sacaron las amígdalas cuando tenía tu edad. No hay nada que temer.
Sam se sentía un poco mejor.
—Oh, parece que hay un pequeño problema. No tenemos las herramientas necesarias para tu caso. Las cambiamos por herramientas nuevas y mejores, que aún no han llegado. Lo que tendremos que hacer será admitir a Sam por una noche, y pedir prestado parte del equipo del hospital en Memphis. Cuando llegue, tendremos la cirugía. Probablemente estará dormido cuando la hagamos, así que no sentirá dolor.
Sam se quedó sentado en silencio mientras sus padres arreglaban todo. Llevaron a Sam a su habitación y ellos partieron a la sala de espera, en donde estarían hasta que la cirugía tuviera lugar.
Una enfermera ayudó a Sam a acomodarse en la cama, y le dio algo de jugo. Sam volteó hacia su derecha y vio a otro niño.
—Hola, soy Sam. Pero puedes llamarme Sammy.
El niño ni siquiera le dirigió la mirada.
—Tommy está nervioso. Tiene una cirugía importante mañana —le murmuró la enfermera, al notar su interés—. Le van a cortar su pie —murmuró en voz aún más baja.
—Mi nombre no es Tommy.
La enfermera lucía triste.
Pasaron unos minutos, Sam estaba pintando en su libro de dibujos. La enfermera se había ido para dejarlo descansar.
Tommy volteó hacia Sam. Señaló una historieta que Sam tenía al pie de su cama.
—El Hombre Araña es mi favorito.
—¡El mío también!
Sam trató de lazar una red de telaraña al rostro de Tommy.
—¿Por qué estás aquí?
—Amígdalas.
—Tienes suerte.
Dicho eso, Tommy se dio la vuelta.
Pasaron unos minutos más, en silencio. Luego Tommy alzó la voz:
—¿Te gusta dormir?
A diferencia de la mayoría de los niños, a Sam le encantaba dormir. Pensaba que mientras más rápido se durmiese más podría jugar al día siguiente.
—Sí, mi mamá siempre trata de despertarme para que no llegue tarde a la escuela, pero nunca puedo escucharla. Dice que podría dormir hasta durante un terremoto.
Tommy apagó la luz y regresó a su cama. Sam entendió el gesto.

—Tenemos que darle a este niño anestesia.
Sam se despertó. Lo estaban conduciendo por un pasillo del hospital. Las luces iluminaban su rostro. Miró a los cirujanos, no los había visto antes.
Se dio cuenta de que llegó el momento, le sacarían las amígdalas. Sus padres le dijeron que podría comer helado cuando todo terminara. Pensaba en qué tipo de helado le gustaría mientras los cirujanos empujaban las puertas de una sala con una silla.
—Bien Tommy, ponte esta mascarilla. Te ayudará a dormirte.
Sam se sorprendió.
—Mi nombre no es Tommy… es Sam.
Un cirujano revisó su historial.
—Aquí dice que es Tommy, hijo.
Tenía razón. Sam lo miró también, y vio el nombre Tom Whitton.
—¡Mi nombre no es Tommy! ¡Es Sam!
—Sí… nos advirtieron que dirías eso. —El cirujano le puso la mascarilla.
Sam entró en pánico, pero sus gritos fueron silenciados por la anestesia.
Pudo dar un último vistazo al pasillo. Tommy estaba al otro lado de las puertas, sonriendo.
Sam lloró mientras caía dormido.

Escondido

¿Por qué lo haces? No sabes por qué, pero lo haces. Te aseguras de que las ventanas estén bien cerradas, revisas al otro lado de la puerta, y tu armario… incluso miras debajo de la cama. ¿Por qué haces eso? ¿Acaso abrir la cortina de la ducha y ver que no hay nada ahí te hace sentir seguro? ¿Acaso escudriñar el área con tu vista luego de leer una historia de terror te hace sentir tranquilo?
Pues, no deberías.
Porque para el tiempo que has mirado, yo ya me he escondido.

El viaje en metro

Vivo en el Reino Unido. Una compañera de trabajo se enteró de esto por su novio. Él trabaja con alguien que le contó que la amiga de su hermana se subió al metro para ir a su casa hace algunas semanas. Cuando entró notó que había cinco filas de asientos vacíos, excepto por la última fila, que tenía a tres personas. Como le dio un poco de miedo, se sentó en el lado opuesto a estas personas, a varias filas de distancia. Se acomodó y dirigió su mirada a la mujer que venía con los hombres, que la veía fijamente.
Sacó su libro y comenzó a leerlo, pero cada vez que volteaba a la mujer ésta parecía seguirla viendo. El metro se detuvo en la siguiente estación y se subió un hombre: observó detenidamente el interior del metro, la vio a ella y a las personas en el lado opuesto y se fue a sentar con ella. En tanto el metro partía a la siguiente estación, el hombre se inclinó hacia ella y le susurró en el oído, «si sabes lo que es bueno, te bajarán en la siguiente estación conmigo». Ella estaba helada, pero supuso que lo mejor sería hacerle caso, pues en la siguiente estación habría bastante gente.
Llegaron a la estación y ella se bajó con el hombre, quien empezó a decirle, «gracias a Dios. Lo siento, no quise asustarte, pero tenía que sacarte de ahí. Soy doctor, y la mujer sentada en los últimos asientos estaba muerta y los dos hombres a su lado la habían arreglado». De acuerdo al tipo que contó la historia, la chica y el doctor llamaron a la policía, quienes detuvieron el metro en la siguiente estación.

El cuchillo en el maletín

Un día de verano en Southampon, Nueva York, una mujer se detuvo en una estación de gas. Mientras el bombero llenaba el tanque, la mujer le comentó que iba apurada porque tenía que recoger a su hija de clase de arte en East Hampton.
Un hombre vestido formalmente se acercó a su auto y comenzó a hablar con ella. Le explicó que su auto rentado se había descompuesto, y que tenía que atender unos asuntos en East Hampton. Ella le dijo que estaría encantada de llevarlo. El hombre metió su portafolio en la cabina trasera y dijo que iría al baño rápidamente.
Tras un par de minutos, la mujer miró a su reloj y entró en pánico. Condujo de vuelta a la carretera, olvidando que el hombre volvería para acompañarla.
La mujer no se acordó de él hasta que su hija se había subido al auto. ¡Notó el maletín y se dio cuenta de que lo había olvidado! Lo abrió esperando encontrar algún tipo de identificación o medio de contactarlo para que pudiera regresarle sus pertenencias. Lo único que encontró ¡fue un cuchillo y un rollo de cinta adhesiva!

El camino sin fin

En Corona, California, hubo una vez una carretera conocida por la mayoría de los lugareños como El Camino Sin Fin. Específicamente, el verdadero nombre de la carretera era El paso de Lester. Hoy día, más de veinte años después, el terreno de Corona ha cambiado, y El Camino Sin Fin ya no lo sigue siendo. Sin embargo, hace algunos años, El paso de Lester era un camino sin alumbrado público que las personas aseguraban que nunca terminaba cuando se cruzaba por la noche. Tampoco se volvía a saber de las personas que hacían tales recorridos por el camino.
La leyenda se volvió tan famosa que todos se rehusaban a conducir por El paso de Lester hasta por el día. Una noche, como muchos adolescentes de mi edad, conduje por esa carretera, pero sólo algunos kilómetros, y con los focos de mi auto sí daba la impresión de que nunca terminaba. Asustado, rápidamente decidí regresar, porque de haber continuado el camino seguramente nunca habría regresado.
Los reportes de personas desaparecidas llevaron a la policía local a investigar. El paso de Lester se dividía en un segundo camino para el final, y no había barandillas que lo cercaran. Más allá del segundo camino había un cañón, y al otro lado de éste había otra carretera que se alineaba tan perfectamente con El paso de Lester que, al verse desde el ángulo correcto, especialmente de noche, el cañón desaparecía de vista y la carretera parecía continuar al otro lado. Tras haber investigado el cañón, fueron encontrados varios autos que cayeron a su perdición, con los cadáveres descompuestos de las víctimas aún atrapados en sus asientos.

El piso de arriba

Cuando era niño mi familia se mudó a una casa vieja y enorme de dos pisos, con espaciosos cuartos vacíos y tablones que rechinaban. Mis padres trabajaban, así que usualmente me quedaba solo al venir de la escuela. Un día que llegaba un poco tarde, la casa todavía estaba oscura. «¿Mamá?», llamé, y la escuché decir con voz cantarina «¿Siiiiiií?» desde el piso de arriba. La llamé de nuevo mientras subía las escaleras para ver en qué habitación se encontraba, y de nuevo me respondió con un «¿Siiiiiií?».
Estábamos redecorando para ese tiempo, y no sabía ubicarme entre ese laberinto de habitaciones, pero ella estaba en una de las más alejadas, al final del pasillo. Me sentí intranquilo, pero supuse que era normal y me dirigí a ver a mi madre, sabiendo que su cercanía apaciguaría mis miedos. Justo cuando tomé la perilla para entrar en la habitación, escuché la puerta principal abrirse y a mi mamá decir, «Cariño, ¿estás en casa?» con una voz alegre. Di un salto hacia atrás, sobresaltado, y corrí hacia las escaleras para ir con ella; pero cuando volteé desde los primeros escalones, la puerta de esa habitación se abrió lentamente haciendo un quejido. Por un breve instante, pude ver algo ahí adentro. No sé lo que era, pero me estaba mirando

viernes, 23 de agosto de 2013

El origen del Slender-Proyecto 84-B

"Muchos dicen que estoy mal, pero no lo estoy. Muchos dicen que soy diferente, pero no lo soy. Muchos dicen que estoy loco, pero no lo estoy. Me siento solo, camino solo; sin nadie que me consuele, sin nadie que me ame.

Yo solía ser normal, como tú, es curioso porque siempre he odiado ser parte de lo normal de la multitud. Debes apreciar lo que tienes, debes orar para que nunca tengas que sentir lo que siento: odio, depresión, abandono, traición.

Todos ustedes tienen vida, tienen esperanza, yo ya he perdido estas cosas por culpa de un demente, el es el único que en verdad es malo, no yo. El se robo mi vida, mi esperanza, mi todo; me dejó en la putrefacción después de hacer su maldito experimento. Me dio la bienvenida con los brazos abiertos, me prometió una nueva vida, mejor que la que había vivido antes, el me mintió, se robo todo de mi.

Todavía recuerdo el día, yo era un joven sano recién salido de la escuela preparatoria, el sol brillaba, como sea, todos me odiaban, sentía como todos me juzgaban. Mi camino a casa durante el último día de la escuela fue un infierno, como de costumbre, los chicos que pasaban en sus autos gritaban cosas como: maricón o ya toma una ducha; ¿por qué me odian tanto?

Un pensamiento paso por mi mente, estos tipos poco a poco me mataran de todos modos, ¿por qué no hacerlo rápido y sin dolor?, estaba cegado por el dolor, si hubiera sabido entonces lo que se ahora nunca me hubiera atrevido a tomar esa cuerda de mi sótano, ¿pero donde hacerlo?, no en mi casa, yo odiaba a mi madre, pero no lo suficiente para causarle un trauma.


Así que salí de casa y me dirigí a la ciudad a la parte más remota y dentro de un callejón me propuse a acabar con mi vida.

-Joven, ¿qué estás haciendo?
-Ponerle fin a esto- respondí
-¿Estás loco?, ven, ven conmigo, creo que te puedo ayudar
-¿Ayudarme?, si no eres más que un anciano, déjame morir en paz
-Ahora no puedo hacer eso- Dijo con voz ronca y me agarro del brazo-Ven.

Cuando luché tiró con más fuerza. Me caí y el volvió a sujetar mi mano y rápidamente me arrastro dentro de un edificio y cerró la puerta detrás de nosotros.

-Joven, creo que puedo ayudarte, se cómo te sientes, por favor escúchame
-Maldito seas, muy bien, pero date prisa
-Una vida es algo precioso, pero que dirías si yo te ofreciera una vida nueva y totalmente gratis.
-Yo diría que donde coño me inscribo
-Bueno, he estado haciendo una investigación sobre la anatomía humana y después de unos cuantos experimentos, creo que he dominado la manipulación de la forma humana. Creo que puedo convertirte en cualquier cosa o cualquier persona que desees. Claro, bajo ciertas circunstancias.

-¿Cómo cuales?

Saco una hoja de papel – Bueno, primero que nada firma aquí

-¿Qué pasa si no quiero?

-Bueno, en eso radica la segunda circunstancia, tu no tienes elección

-¿Qué?

-Ya me has oído mi querido amigo – Saco una jeringa con un liquido
verde – Ahora quieto

Trate de correr, trate de gritar, pero él me tomo y me enterró la aguja en el cuello, entonces todo se volvió negro.

Me desperté en una cámara de vidrio y por alguna razón estaba vestido de traje segundos después de que me desperté, el entro en la habitación con una bata de laboratorio.

-Hola, mi amigo, ¿Tuviste una buena siesta?
-¿Dónde estoy?
-Eso no es de tu interés, todo lo que tienes que hacer es sentarte y dejar que me haga cargo de todo el trabajo
-¿Qué me estás haciendo, psicópata?, te voy a matar
-Hijo, no te tengo miedo, tú te vas a quedar ahí mientras yo hago historia
-¿Historia?
-Si, cundo por fin logre hacer una transformación de todo el cuerpo en ti

Toco un interruptor y comenzó a hablar en un micrófono – Probando, probando, bueno ahora comenzaremos con el experimento 84-B

-¿Qué demonios estás haciendo?
-Los signos vitales del sujeto, parecen ser normales, su frecuencia cardiaca se ha disparado, sin embargo, la actividad cerebral es alta y los niveles de insulina son normales
-¡Déjame ir!
-Listo para comenzar con el experimento – Se dio la vuelta para accionar una palanca- Activando primer nudo – Un rayo de energía comenzó a perforar mi cuerpo, rompiendo mi ser en pedazos, no podía gritar, mi visión se torno borrosa y de pronto estaba ciego – La apariencia del sujeto empieza a deformarse, activación del segundo nudo – El dolor aumento, sentí como mi boca y mis ojos se cerraban – La cara del sujeto esta completamente transformada, activación B – Una sirena sonaba, "ERROR, ERROR", el grito – ¡No!, su rostro y las extremidades no se han desarrollado plenamente, tengo que abortar el experimento.

Lo ultimo que escuche fue un gran estruendo.

Me desperté, esta vez en los escombros de aquel lugar, apenas podía ver, era como si una pantalla de algún tipo me tapara los ojos. Sentía la boca como si hubiera sido cosida con aguja e hilo, no podía respirar, puesto que mi nariz se había cerrado también, pero de alguna manera no tenía la necesidad de respirar.

Me levanté, mis brazos y piernas se sentían extraños, me tomo casi un minuto volver a tomar el control sobre ellos, entonces comencé a caminar entre los escombros. Un ordenador destrozado yacía al lado de un pie desmembrado, un rastro de sangre me llevo a un pasillo y después a una puerta, podía oír ruidos, abrí la puerta y vi a un policía levantar algunas cosas, se dio la vuelta y me vio, grito y salió corriendo.

Yo trate de gritarle que se detuviera, pero no pude hablar, así que lo perseguí, a medida que corría sentí como si mis piernas estuvieran cambiando, como si estuvieran creciendo mientras me movía. Pronto alcance al policía y trate de tomarlo del hombro, un tentáculo salió de mi y le atravesó el pecho, me maldijo y cayo. “¿Qué coño ha pasado?” pensé. Mire al cadáver, un agujero enorme se encontraba en su pecho, no lo pude ayudar.

Continúe siguiendo el rastro de sangre hasta que me encontré con el cuerpo del hombre, el fue aplastado con una viga, intente levantarla, en ese momento los tentáculos volvieron a salir, levantaron la viga sin mucho esfuerzo y arrojaron el cuerpo del hombre con mucha fuerza hacia la pared y me salpico una lluvia de sangre.

Mire por todos lados buscando un lugar por donde escapar, pero era un callejón sin salida, seguí buscando hasta que me encontré en un cuarto de baño, era lo que necesitaba para lavarme la sangre. Me mire en el espejo y me di cuenta de que yo no tenía una cara.

Yo vivo en las pesadillas de adolescentes y adultos por igual, todo por culpa de ese maldito. Poco después de esta experiencia he ido descubriendo mis verdaderos poderes, puedo estirar mis brazos y mis piernas, también puedo producir tentáculos de mi espalda. Después de todo lo que he vivido yo solo quiero un amigo, así que busco personas, niños, ellos son los únicos que no me ven con temor, a menudo me gusta jugar con ellos, pero no siempre puedo controlar mi cuerpo, de vez en cuando me equivoco y alguien muere pero no es mi culpa, yo solo busco compañía.

Me gustan las fotografías, me gusta entrar en ellas, siempre hay personas que toman fotos de la vida silvestre, así que decidí vivir en los bosques, pero siempre que me acerco a una persona para ver como salí en la foto ellos corren y una cosa lleva a otra y una persona más muere en mis manos.

Juro que esa no es mi intención pero he perdido el sentido de… bueno de todo. Ya no sé cómo ser una persona, las cosas siempre son malas alrededor de mí, parece que siempre voy a matar a alguien.

Solo quiero pedirte un favor, cuando me veas no huyas, de hecho debes correr hacia mí y darme la bienvenida, eso significaría mucho para mí y eso podría salvar tu vida.

Pero, ¿como sabrás que soy yo?, puedes fácilmente buscarme solo debes ir a Google y escribir "Slenderman"

Ángel guardian

Crees en los ángeles? si... estos seres alados que vienen del cielo... emm, en fin, ¿crees en los ángeles guardianes?. Has oido hablar de ellos, ¿cierto? dicen que todos tenemos uno, siempre está a nuestro cuidado en los peores casos.... de verdad crees que es así? jajaja no, no lo son, no son ángeles, ni siquiera son buenos ¿sabes?. Pero valla que siempre están, siempre, tu no los verás, no porque sean invisibles, ellos... simplemente saben que los ignoraras, porque al final, tu no quieres verlos, ¿cierto?. No, no quieres, no te gustaría. 

Ahora estás en tu PC leyendo esto, mentras el está detras tuyo, observandote, cuidando su fuente de alimento, con sus ojos rojos... valla odiosos que son. Ja! pero allí están, si, cuando tu no te das cuenta, cada vez que vas a dormir y miras hacia el techo de tu habitación, no dejes de mirar hacia allí, quizá está al lado tuyo. O cuando duermes, ¿a que no te imaginas? te ve de frente, de hecho, eso le gusta. Cuando estás en la ducha y el jabón entra escurridizamente a tus ojos, está al frente tuyo. Que tal cuando entras a una habitación oscura, tus ojos aún no pueden ver nada, el está frente tuyo, pero tu no quieres que sea así, el lo sabe, así que no importa. A el no le gusta que sepas que existe ¿sabes?. Quizá tu crees que no le conoces, pero si que sabes quien fué, tu claramente te acuerdas de eso cuando vivía. 

De hecho ahora está detras tuyo, si, pero no le mires...se puede molestar. 

Amor de madre

Una Tarde, una pareja regresaba de un largo viaje cuando a lo lejos vieron a una mujer en medio de la calle haciendo señas de que se detuvieran. 
La mujer le dijo a su esposo que siguiera conduciendo porque podría ser muy peligroso, pero el hombre decidió pasar pero a una baja velocidad así no se quedaría con la duda de que había pasado. En cuanto se acercaron, notaron que la mujer tenía cortadas y moretones en su cara y en gran parte de sus brazos. Decidieron parar para ver si podrían ser de ayuda. 
La Mujer Herida Rogaba por ayuda, pues les conto que había tenido un accidente automovilístico y que su esposo y su hijo, un recién nacido seguían adentro del auto que estaba frente a un gran bache (pozo). Les dijo que su esposo ya estaba muerto pero que su hijo aún seguía con vida. 
El hombre del auto decidió bajar del auto e intentar rescatar al bebe y le dijo a la mujer del accidente que esperara con su esposa dentro del auto. Cuando llego al lugar noto que había 2 cuerpos en los asientos delanteros pero no le tomo importancia a eso y rápidamente saco al bebe y salió corriendo a llevárselo a su madre. Cuando llego, no veía a la madre junto a su esposa así que pregunto a su esposa a donde había ido. Le conto que la mujer corrió detrás de el cuándo se fue al lugar del accidente. 
El hombre regreso al lugar del accidente a buscarla, claramente noto que la pareja en el auto estaba claramente muerta, pero uno de ellos era claramente la mujer que suplicaba por ayuda. 

La mulata de Cordoba

Cuenta la leyenda que durante la época del Virreinato, cuando muchas personas morían a manos de la Santa Inquisición acusadas de brujería o de prácticas que iban en contra de la religión, vivía en la Ciudad de Córdoba una mujer mulata de extraordinaria belleza que era hija de padre español y madre negra pero a quien no se le conocía ningún familiar. 

Esta mujer a la que todos llamaban La Mulata tenía una belleza tan abrumadora que cualquier caballero que la miraba quedaba perdidamente enamorado de ella y así, su fama poco a poco fue extendiéndose más allá de la región de Córdoba; la mayoría de estos gentiles hombres trataron en vano enamorar a la mujer quien siempre mantenía las puertas de su casa cerradas y rechazaba a cualquiera que intentara acercársele. Por ese entonces, utilizando sólo las hierbas del campo y sin un conocimiento aparente de herbolaria comenzó a curar a los campesinos de enfermedades que incluso los médicos más renombrados no podían vencer; pero además de curar enfermedades, era capaz de predecir tormentas y realizar toda clase de hechizos. 

Con el tiempo la gente llegó a sospechar de su singular belleza, de la gran facilidad para curar a los enfermos y de su eterna soltería, así que no tardó en esparcirse el rumor de que La Mulata era amante del diablo, razón por la cual podía curar cualquier enfermedad además de mantenerse siempre joven y hermosa; hubo incluso quienes afirmaron que si pasaban por su casa durante las noches se podían escuchar ruidos temibles, llantos, lamentos y que se veían llamas en el interior de su hogar; muchos también contaron que era posible verla en distintos lugares de Córdoba al mismo tiempo. 

Pronto todos los pobladores comenzaron a temerle y los rumores no tardaron en llegar a los oídos del Tribunal del Santo Oficio, donde decidieron tomar cartas en el asunto, apresarla y conducirla hasta el puerto de Veracruz, donde, después de haberla encontrado culpable de practicar brujería y mantener pacto con el Diablo, la encerraron en el Castillo de San Juan de Ulúa donde se le preparaba un auto de fe para sentenciarla 
a la hoguera. 

Pero un día, la Mulata en su mazmorra, le dijo al carcelero que le llevara un pedazo de carbón. El carcelero le dijo que en lugar de pedirle carbón le rogara al Santísimo por la salvación de su alma, pero seducido por la altiva y hermosa presencia de la Mulata, le llevó lo que pedía. 

Al otro día la Mulata le gritó al carcelero que fuera a ver lo que había pintado en la pared.; este, al ver el velero pintado en la pared de la cárcel quedó sorprendido de la maestría y el realismo con que había sido pintado el velero; La Mulata, divertida por la reacción del carcelero le preguntó “¿Qué es lo que le falta a esta embarcación?”. A lo cual contestó presuroso “Andar”. “Pues mira como anda” le respondió la Mulata subiendo ágil por las escalerillas del barco. Todavía se volvió para despedirse de sus captores con un suave gesto de la mano indicando su adiós. Mientras el galeón desaparecía ante los desorbitados ojos del carcelero. 

La sonrisa del payaso

Dicen que este caso tuvo su origen en Sevilla,España en una escuela nueva, esto a finales de los años 90. 

Se comenta que en este lugar concretamente uno de los baños de mujeres ocurrio algo realmente macabro. 

Una chica entro en el servicio y para su mala suerte se encontro con un grupo de vandalos que estaban esperando una victima, despues de inmovilizarla le dieron 3 opciones: 

1- Te torturamos. 

2-Te violamos. 

3-Te hacemos la sonrisa del payaso. 

Esta inocente chica, sin saber lo que era la tercera opcion fue la que eligio, le parecia que seria menos horrible. 

Esa misma tarde, la chica fue encontrada desangrandose en el baño, le habian cortado las mejillas desde la cornisura de los labios hasta la altura de las orejas, simulando asi la sonrisa de los payasos. 

La Distancia

Estábamos yendo a la casa de mi tía mientras se hacía de noche, una vez que llegamos, muy cansados, nos fuimos a dormir juntos con mis hermanos a nuestra habitación. 

De repente se largo a llover descomunalmente y junto con mis hermanos sentimos temor por los ruidos que ocasionaba la tormenta y el viento que agitaba los arboles circundantes a la zona. A causa de esto decidimos darnos las manos hasta dormirnos – hecho que logramos en medio de la oscuridad a pesar de la distancia de nuestras camas – de tal modo aseguramos un contacto físico que infundía tranquilidad entre nosotros. 

Al amanecer, alrededor de las 9 A.M entró mi madre a preguntar como habíamos dormido y de paso nos trajo el desayuno a la cama. Mientras charlábamos con ella nos preguntó como habíamos dormido anoche y le contamos que al comienzo – apenas nos acostamos – tuvimos miedo, sin embargo nos dimos las manos para tranquilizarnos… A partir de nuestro relato de lo sucedido la noche anterior nos pidió que le mostráramos como nos dimos las manos de una cama a la otra entre los tres….¿Adivinen qué? Una distancia abismal nos separaba al extender nuestras manos pretendiendo llegar a tomarnos unos a los otros… 

A partir de esa noche, aún trato de encontrar una explicación racional a la situación misteriosa que nos había unido de las manos… 

Looney Toons

“Ya era adulto, tenía 23 años y mis padres murieron en un accidente de tránsito. Por desgracia mía, no tenía a nadie a mi lado: mis parientes más cercanos vivían en Carolina del Sur, algo muy lejos de Alabama. Nosotros éramos los únicos de la familia que no teníamos el mínimo contacto cercano con nadie. Como yo no trabaja y no podía mantener solo el departamento, tuve que conseguir algún empleo rápido, algo que me encajara y que me gustara. Fui cuadra por cuadra, buscando negocio por negocio algún cartel de “Se busca empleado” o “Se busca ayudante“. No tuve suerte este día, lo iba a intentar mañana. Me acosté, puse el despertador a las 7:00 para ir bien temprano a buscar trabajo. Dormía tranquilamente hasta que me llego a mi cabeza recuerdos de lo que paso ese horrible día en la casa de mi mejor amigo Juan. No pude conciliar el sueño en toda la noche, me llegaban y llegaban recuerdos.
Llegó el día. Me vestí rápidamente para salir a buscar empleo, busque en todo mi barrio y no encontraba nada, otra vez no era mi día, hasta que vi un cartel en una tienda de películas, videojuegos y series. No me demoré en absoluto en conseguir empleo: el dueño me aceptó sin preguntarme nada ni pedirme curriculum. Empecé mi trabajo como vendedor. Mi única tarea era arrendar lo que había en la tienda. La tienda atendía las 24 horas y yo trabajaba en horario nocturno, de 8:00 PM a 0:00 PM. Mi primer día era como estar en el cielo: sabía que desde ahora ya iba a empezar a ganar dinero, iba a poder pagar el arriendo del departamento. No me costó adaptarme a las órdenes de mi jefe, la tienda era muy grande y con una variedad de películas y series, sobretodo dibujos animados para los niños. Mi segundo día de trabajo era normal como el anterior, era una noche bien calmada y fría. Pude contemplar la densa neblina que rodeaba la tienda, y el guardia de seguridad que protegía la puerta principal andaba algo intranquilo. Se pudo apreciar un ambiente bien tenso, las dos únicas personas que quedaban en la tienda se fueron, quedamos nosotros (yo y el guardia). Como ya eran más de las 1:24 de la madrugada, el guardia me dijo que ya era hora de cerrar. Estaba preparando mis cosas para irme, pero me dijo que me quedara aquí porque se veía peligroso afuera por la densa neblina. Mientras veíamos en una tele pequeña “Las aventuras de Fabricio“, las luces comenzaron a parpadear. Pegué un susto de la silla; el guardia me dijo que me quedara tranquilo, ya que era común que pasara esto en la tienda. Le pregunté si había alguna clase de espectro o algo paranormal. El guardia terminó riéndose y seguíamos viendo la serie. Se mostraron los créditos de la serie, apagamos y el guardia me dijo que fuéramos a la bodega a buscar algunas de las series guardadas en unas cajas. Lo acompañé. Como la bodega quedaba aparte del local, salimos afuera por el callejón, done había demasiada neblina y era imposible ver. Entramos a la bodega y vimos una pila de cajas amontonadas, buscábamos alguna serie o película interesante. Una de las ventanas de la bodega se abrió violentamente y entró un viento que hizo que una de las pilas de caja se cayera encima de mí.  El guardia no podía contener su macabra risa mientras me rescataba de la pila de cajas. Yo recogía los casetes de video para ponerlos en su lugar, hasta que vi una cinta con un nombre que me dejo frío unos momentos, la cinta tenía el título de “Looney Tunes: The daffy duck murderer” (Looney Tunes: El pato Lucas asesino).

Llegó a mi mente una visión de lo que paso hace 8 años. El guardia preguntó si estaba bien, salí de la visión y le dije que sí. Volví a leer el título de la cinta. Al momento pensé que se trataba de una broma para llamar la atención al espectador, ya que estos eran mis dibujos favoritos de la infancia. Le avisé al guardia que viniera a ver esto: vio el título y emitió una risa entre dientes, pero a mí no me dio absolutamente nada de risa. Me dijo que volviéramos al local y le echáramos un vistazo. Sentí que mi subconsciente me hablaba de que viera esta cinta, pero yo me negaba por dentro. El guardia insistió que le echáramos un vistazo. Volvimos a la tienda para revisar el contenido de esta cinta: mis manos estaban temblando y algo sudadas. Inserté el video en el reproductor VHS. Nos sentamos con algo de comer para ver la cinta y encendí la televisión a Modo Video. De inmediato la cinta empezó a reproducirse: apareció la intro con un tipo de efecto ‘screenfade‘, al momento la intro no era la misma que los demás episodios de Looney Tunes. Aquí la música alegre y clásica de estos dibujos estaba ausente, no sonaba en ningún momento. El título “Looney Tones presents” se acercaba demasiado lento hacia el espectador. Después de 30 segundos el título se detiene. Seguían apareciendo otras cosas misteriosas en la intro: dos manos dibujadas con sangre de mal presupuesto salían desde el fondo del círculo de colores. No pude reconocer las manos del personaje que se ocultaba allí, pero al final, este habla diciendo: “Esto es lo que nunca olvidaran amigos, joajoa joajoa“. Quien quiera que fuera el dibujo que se ocultaba allí, emitió una risa bien grave y malévola. Luego de este efecto, aparece el título de “The daffy duck murderer“, con una letra cursiva y en rojo oscuro; pareciera que los editores no tuvieron tiempo de hacer algo mejor en este episodio. El guardia se sentía incómodo con lo que veía, yo estaba asustado y solo quería irme de ahí, pero la neblina poco a poco empezaba a colocarse más y cada vez más densa. De pronto algo se escuchó atrás: no tuve las agallas de ir a ver que era, el guardia se paró a ver y no había nada. Seguíamos viendo el episodio… El intro termina, pasó al cuadro de escena del episodio, un círculo negro empezó a agrandarse como de estos típicos finales de los dibujos animados, que aparece un dibujo mientras el círculo se cierra, pero este era al revés: se abría en vez de cerrar y lo hacía muy lentamente… Comenzó como un episodio normal de los Looney Tunes, pero no sabíamos que de poco a poco este episodio se transformaría en una pesadilla. Bugs Bunny aparece caminando un buen rato, no más de 2 minutos y pareciera que el cuadro de escena era el mismo y se repetía una y otra vez. Luego de los 2 minutos, éste saca una zanahoria de su bolsillo y lo empieza a masticar con una brutalidad… pude sentir el enojo que tenía el conejo… podíamos ver como la escena se cortaba cada 15 segundos y volvía a la misma: Bugs Bunny comiendo una zanahoria…. ésto duro más o menos 35 segundos. Un cuadro negro se interpone en la escena por 15 segundos, pasa a otra y vemos a Bugs Bunny sentado en el borde de un árbol mal dibujado y sin hojas. En verdad, la escena donde estaba el conejo era demasiado pobre: no habían nubes ni vegetales, el dibujo simplemente no tenía vida. Bugs Bunny entre susurros dice: “En verdad quieres ver esto viejo? No puedes sentir el dolor que tengo?“.
Una frase bien fría y escalofriante para ser Bugs Bunny. Comía su zanahoria con demasiada tristeza. De pronto, la cámara hace un zoom al conejo y éste en seguida se pone triste y empieza a llorar descontroladamente, corría sangre de su nariz. Bugs Bunny mira hacia la cámara como si tuviera un odio hacia el espectador, diciendo entre dientes: “¡¡ÉL ME HA ECHO DAÑO!! NO LO PROVOQUES, NO LO BUSQUES!!!“, Bugs Bunny se levanta y lanza su zanahoria medio masticada a la cámara, la escena se corta y empieza a distorsionarse. En seguida pausé la cinta y le dije al guardia que no podía seguir viendo eso. El guardia estaba un poco asustado y aun así se hacía el valiente: me dijo que me quedara, que no pasaba nada. Le puse play a la cinta: ahora en escena se ve Pepe le Pew y su novia Gata, discutiendo por algo. El interior de la escena se vuelve violento, ellos se agarran a golpes de una forma real. Quedé algo confundido, porque esto no era normal de un episodio de Looney Tunes. Vimos como manchas de sangre saltaban a la cámara, no pude contener más el miedo.
La cámara hace un acercamiento hacia Gata: estaba muy herida, su cara estaba ensangrentada con los golpes que había recibido por Pepe le Pew. Ésta tenía una pierna quebrada y un hueso dibujado de muy buena calidad estaba en su pierna como si fuera una fotografía bien recortada pegada en la escena. Lo más raro de esto, es que el hueso era lo único dibujado en calidad en el episodio. La sangre no paraba de saltar, un ruido extraño sonó en el interior de la escena y todo se vuelve violento. Aparece en la escena Daffy Duck, diciendo: “Otra vez con sus peleas de ñoños? Esto es lo que quieren que los niños vean? joajoajojaojoa“. Daffy Duck emitió una risa bien parecida a la que se escuchó en la Intro. El guardia andaba confundido al igual que yo y no podíamos creer lo que estábamos viendo y que clase de cinta era esa. Daffy Duck, sonriendo malvadamente dice: “HAGAMOS ALGO DIVERTIDO CON ESTA BASURA. “. Era increíble el dialogo que usaron para crear este episodio, palabras con doble sentido y palabras muy groseras. Lo que vi después hizo que se me pusieran los pelos de punta: Daffy Duck saca de detrás de su cola un cuchillo, empieza a apuñalar a Gata en varias ocasiones hasta provocarle la muerte. La cámara hace un enfoque a Daffy Duck: a éste se le ve sin ojos, como si se los hubieran borrado, tenía una sonrisa demoníaca que daría un susto a cualquiera.
Sonriente, empieza a reírse por 30 segundos con una risa macabra y escalofriante. Luego de estar satisfecho con asesinar a Gata, empieza a violar el cadáver muerto de Gata. Éste le dice ya en el piso ya muerta: “¿Te calienta que te lo metan perra? Wajajajajajaj!!!!“. Daffy Duck se para y escupe sangre sobre la cara de gata, mientras Pepe le Pew se siente alegrado y riéndose de la muerte de su novia Gata. Le dije al guardia que pausara la puta cinta en seguida, pero el control no funcionaba y las luces empezaron a parpadear con demasiada frecuencia. El episodio seguía en marcha: Daffy Duck riéndose, degolla a Pepe le Pew, cortando su cabeza y mostrándosela al espectador, mientras dice: “ESTO ES LO QUE QUERÍAN NIÑOS? LES GUSTA LA SANGRE? PRONTO SUS CABEZAS SERÁN MÍAS! WAJAJAJAJAJAJ“. La escena cambia repentinamente y con una música parecida a la de Suicide Mouse, Daffy Duck come las vísceras de Gata con sus grandes dientes afilados. Su pelaje estaba erizado. Un sonido empezaba a sonar mientras este comía las vísceras, como si alguien estuviera masticando algo cuando se producía la escena. Daffy Duck después de comer, hace un giro con su cabeza y mira hacia la cámara con una cara endemoniada y con los dientes cubiertos de sangre… de a poco empieza a caminar de patas y a acercarse al espectador, como si éste fuera su próxima víctima. La escena inmediatamente se corta. Un ‘screenfade’ aparece con un fondo negro por 30 segundos mientras una voz de una niña gritando decía “AYUDAME!!! AYUDAMEE PORFAVOR!!! AYUDAME... NO DEJES QUE CORTE MI CABEZA!!“. Después de eso, aparecieron los créditos ordinarios.
El guardia estaba pálido, se paró de la silla y rápidamente cogió un bate, quebró la tele y el reproductor.
Asustados, corrimos fuera de la tienda, pero la puerta principal no se abría y la de atrás tampoco. Desesperado cogió su arma y se dio un tiro en la cabeza. Me salpicó sangre en la cara; estaba asustado y grité como loco, no sabía qué hacer.

Rompí la ventana y logre escapar hacia mi hogar. A la mañana siguiente me enteré de una noticia trágica: el dueño y el guardia del local “Video World” habían muerto esa noche. Sentí que algo no andaba bien: que yo recuerde, nuestro jefe se encontraba en casa y no estuvo con nosotros. La esposa de éste lo encontró muerto en la cama, degollado y sus vísceras no estaban (sospecho que alguien se los robó). Pero cuando vio un mensaje escrito con su sangre en la pared, ésta se desmayó. El mensaje decía: “DESDE AHORA SERÉ LA PESADILLA DE TODO EL PUEBLO – Daffy Duck“. No gané nada de dinero, así que me tuve que mudar del departamento. Ésto sucedió hace aproximadamente 3 meses. Actualmente vivo con mi mejor amiga Jessica. Hoy en día, aún tengo pesadillas con el suceso que pasó en la tienda.”

Muñequera

En muchos hospitales, cuando te internan, te ponen una muñequera de plástico blanca con tu nombre. También hay otras de otros colores, por ejemplo las rojas se le ponen a los muertos. 
Había un cirujano que trabajo toda una noche entera en un hospital escolar. Él había terminado una operación y estaba yendo al sótano. Entró al elevador, y había una mujer dentro. 
El cirujano hablo con esta mujer por un rato. Cuando la puerta del elevador se abrió, había una mujer esperando. Rápidamente, el doctor cerró las puertas del elevador y presiono el botón que llevaba al piso más alto. 
Sorprendida, la mujer le pregunto porque cerró la puerta. 

El doctor le respondió: "A esa mujer la operé hace unas horas, murió durante la operación. No viste la muñequera roja que llevaba puesta? 
La mujer sonrió, levanto su brazo y dijo: Una como ésta?

Solo en casa

Estás solo en casa, y escuchaste en las noticias que asesinaron a una familia que vivía cerca de tu casa. Ves el perfil del asesino. 
Vas a cerrar las ventanas por la nevada, cuando ves un hombre que encaja perfectamente con el perfil del asesino. Esta sonriendo. 
Ardidamente y algo shockeado, tomas el teléfono y llamas a la policía. Miras de nuevo la ventana, y notas que está más cerca. 
Paralizado, sueltas el teléfono. No hay huellas en la nieve. 

Era el reflejo. Esta detrás de tí 

Retratos

Una vez, un cazador, después de un largo día de caza se perdió en un inmenso bosque. Estaba oscureciendo, así que empezó a avanzar en una dirección única para salir del bosque y orientarse. Después de caminar mucho, encontró una pequeña cabaña. Se dio cuenta que si seguía caminando, caería la noche y el seguiría atrapado en el bosque, así que decidió quedarse en la cabaña. 
Entró, y no había nadie dentro. Se desplomó en la unica cama que habia, y a la mañana siguiente le explicaría al dueño lo que pasó. Se asombró por la decoracion de la cabaña, estaba llena de retratos muy raros, con caras y personas horrorosas. Estaban llenas de maldad y odio. El cazador se acostó mirando a la pared, para no ver las horroríficas caras de los retratos. Curiosamente, el fondo de la mayoría de los retratos era igual a las afueras de la cabaña. 
A la mañana siguiente, el despertó cegado por una luz que le daba justo en la cara. Se dio vuelta y vio que la cabaña no tenia ningun retrato, 
solo tenía ventanas.